Beber Espinoza es un hombre que a puro puño ha sacado adelante a su familia.

A partir de los nueve años empezó a dar golpes y a sacar fuerzas, en un cafetal detrás de su casa, en Íntag (Imbabura), donde construyó una especie de gimnasio con costales de arena y baldes de cemento con una barra en el medio.
Gracias a esta iniciativa y al gusto por las películas de Bruce Lee, consiguió tres campeonatos bolivarianos, tres sudamericanos, y un panamericano, y participó en los Juegos Olímpicos de Atenas y Sidney, en boxeo.
Se retiró del deporte amateur a los 34 años, después de los Juegos Bolivarianos de 2005.
Las anécdotas en este período son muchas. Admite que ha tenido que emplear sus habilidades en el box para defenderse de la delincuencia. Lo ha hecho en varias ocasiones y por eso la Policía le tomó las huellas para que no pueda pelear en la calle, a menos que sea en defensa personal.
Pero, lo que más le satisface es haber traído a Quito a sus padres y a la mayoría de sus 12 hermanos, así como haber viajado por todo el mundo.
La pelea más difícil, según él, la protagonizó con el cubano Michael López, en el Panamericano de República Dominicana en 2003. "Se la definió por puntos. Él solo había ganado por nocaut. Conmigo no pudo hacer eso y ahí me di cuenta que realmente era bueno", afirma.
Durante su carrera deportiva, nadie le arrebató el título de campeón nacional por 13 años consecutivos, hasta cuando se retiró. Por esa hazaña recibía cada mes $520 por parte del Comité Olímpico Ecuatoriano (COE) y $520 de la Concentración Deportiva de Pichincha (CDP), incluso cuando en el país regía el sucre.
"En varios torneos me ofrecían casas. Tengo que retirar tres, pero por los trámites largos no lo hago hasta ahora", manifiesta.
Hace cuatro años, se dedica al boxeo profesional. Tiene un manager en Estados Unidos y este le pacata una o dos competencias al año. Varios pugilistas han buscado competir con él por los títulos que ha logrado en su carrera.
"No se sorprendan que en alguna ocasión me vean en ESPN o en Fox Sport", dice, ante la mirada atónita de sus alumnos. Hoy, también se dedica a dar clases como técnico de la CDP.
La concentración le paga un sueldo de $1 400; además, recibe la pensión vitalicia del gobierno de $420 y da clases particulares por $400.
Espinoza debe redondear su sueldo para mantener a sus cuatro hijos: Cristofher de 12
años, Elizabeth de 10, Lesly de cinco y Beber de tres, así como sus gastos personales de vestido y alimentación.
Confiesa que su ropa (XXL) y calzado (49) los compra cuando viaja al exterior (por las tallas grandes) y que, en cuanto a su alimentación, come nueve veces al día.
Sus gastos se incrementan porque ayuda a su familia. "Hace poco tiempo falleció un primo y dejó en la orfandad a cuatro niños; el último de dos meses. Su deseo era que yo sea su compadre, así que hoy estaré en Otavalo con mi nuevo ahijado".
La mayoría de sus familiares radican en Otavalo y en Íntag, un pueblo cercano a esta ciudad. "Tengo hermanos que todavía cultivan la tierra, como lo hacía mi padre, ya fallecido", asevera, tras contar que su madre se dedica a los quehaceres domésticos.
"De niño pasé muchas necesidades. Recuerdo que andaba descalzo y que mi mamá me parchaba los pantalones negros con telas rojas, moradas, amarillas", afirma entre risas, mientras sus alumnos se alistan para iniciar un nuevo entrenamiento en el gimnasio del Atahualpa. (LMC).
Lo curioso
Beber emigró a Quito a los 15 años. Vivió solo. Desde los 18 hasta los 34, compitió por la CDP.
Sus entrenadores fueron la "Cobra" Buitrón y Segundo Chango.
Come nueve veces al día. Desayuna 12 huevos y un batido de máchica con hígado y leche. Dos horas después, media libra de chochos y luego ensalada de frutas.
Almuerza dos platos de sopa, un pollo, papas y una lechuga. Después, una ensalada de legumbres, chochos y batido de máchica. En la noche, medio pollo, pescado, sopa, máchica e hígado, en diferente horario. (LMC)
Beber todavía siente miedo fuera del ring
Durante su carrera deportiva amateur, Beber Espinoza también incursionó con éxito en el kickboxing.
En este último deporte se enfrentó en 1 260 combates, mientras que en boxeo lo hizo en 462 oportunidades. En la era profesional, Beber solo ha peleado nueve veces.
De acuerdo con el pugilista, una rotura en la mandíbula es el golpe más fuerte que ha recibido. Fue en 1998, durante un Campeonato Sudamericano.
"Me llevaron al hospital Eugenio Espejo. El doctor me puso una placa y volví a pelear", cuenta al indicar que su nariz no tiene cartílago y se mueve como si fuera de plastilina.
"Para entrar en este deporte, hay que tener un corazón grande", dice al recordar sus golpes en el ring. "Por eso no me gustaría que mis hijos practiquen esta disciplina", confiesa.
También admite que, antes de cualquier combate, siempre tiene nervios.
"Mi secreto es que me lancen agua bien helada sin que yo vea. Cuando no sucede eso, el nerviosismo se me va con un buen golpe".
Eso no ha cambiado hasta ahora, como tampoco la coincidencia de que siempre lo han pesado mujeres jueces. "Tengo vergüenza", dice. (LMC)
MMA Ecuador 


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